wtorek, 4 grudnia 2018

El primer encuentro con la oscuridad

Me parece que ya estoy perdiendo la conciencia. Han pasado algunas horas desde cuando acabé de tomar los somníferos. Los vértigos y las náuseas son casi insoportables. Nada más quiero luchar, pero mi organismo se comporta como un valiente soldado. Estoy cansada. Quiero solamente dormir y perder la maldita abilidad de sentir. Espero que he tomado suficientes pastillas para realizar mi deseo y facilitar la vida de todas las personas que me detestan. Cada minuto parece como una hora. Cada hora parece como la eternidad. No es posible describir por palabras los sentimientos que me acompañan. Una paradoja sorprendente, que estoy tan agotada y tan frenética en el mismo tiempo. 

Algo funciona no exactamente como debería. Mis sentidos se siguen aguzando en lugar de silenciarse. Cada sonido detrás de la ventana me pone frustrada. Siento que me estoy durmiendo lentamente pero no tranquilamente. Tantos sentimientos duros, tanta frustración y todo esto me están robando el último suspiro, como si fueran los demones que me arrastren al infierno. En el último segundo antes de cerrar los ojos, toda mi vida, cada solo memoria, ha pasado en frente de ellos. 


La descripción... suena muy oscura, pero lo más oscuro es lo que ha pasado después. Cuando pensaba que ya estaba muerta, pasó una cosa peor de todo. Me desperté. Muy violentamente, vomitando. Mi organismo seguía luchando. Estaba tumbada en mis propios vomitos en una situación tan desesperante. Me puse a llorar de repente. Todo lo que había sobrevivido durante las últimas horas era solamente el inicio de la aventura con el suicidio. Nunca me sentía tan loca, tan destruída, tan enferma. No creía que pudiera existir el estado peor. Pero lo más sorprendente y trágico todavía iba a pasar. Después de sentir el dolor más pesado que pudiera imaginar, tanto en sentido físico, como mental, me di cuenta de que hay sangre en mi cama. En ese momento no lo podía creer. Pensaba que era una alucinación. Pero la cantidad de sangre aumentaba. No era posible... Elegí esta manera de matarme para evitar todas las hemorragias. La sangre era real. Sin pensar, empezé a gritar...


Mis padres llegaron a mi habitación muy rápidamente. Cuando me vieron en mi cama, tumbada en la sangre, los vomitos y la histeria, immediatamente llamaron al hospital. Todo lo que pasaba era como una pesadilla surrealista. En ese momento de culminación todos mis sentidos finalmente empezaron a silenciarse. Primero el oído, porque los sonidos, como los gritos de mis padres, la sirena de la ambulancia, me parecían cada segundo más y más deformados. Después la vista, igualmente que el sonido, se deformaba hasta que mi abilidad de clara y racional percepción completamente desapareció. No sé qué exactamente pasó después. Me recuerdo sino la oscuridad, el silencio.

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